Análisis sobre la marginalidad en los filmes de Gonzalo Justiniano. Visión de la marginalidad a partir de los filmes “Caluga y menta” y “B-Happy”.

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2009-03

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1. La representación de una imagen social y la búsqueda de una identidad nacional. Una de las características que el cine chileno ha logrado tener a lo largo de su historia es “la representación de una imagen social y la búsqueda de una identidad nacional”. Esto respondería a la necesidad de dar cuenta de una determinada manifestación artística fuertemente anclada en la sociedad, capaz de registrar una época de profundo cambio en un país incluyendo la recuperación de la memoria colectiva, y una mirada sobre el presente y el futuro. Esto ya se vislumbra en la primera película muda que se hizo en Chile El Húsar de la Muerte hecha en 1925, en el cual se habla de las aventuras de Manuel Rodríguez en contra de las injusticias de los españoles que reinaban en esa época en tierras chilenas. Más adelante en la época del nuevo cine chileno, en los 60’, películas como El Chacal de Nahueltoro, Tres Tristes Tigres, Largo Viaje o Valparaíso Mi Amor; nos muestran un Chile devastado por las injusticias sociales, mostrándonos la realidad cotidiana de personas pobres sin oportunidades, desde diferentes realidades y diferentes puntos de vista sociales, pero con un mismo objetivo, dar cuenta de la realidad de Chile sin artilugios. En la etapa de la dictadura militar pese a que las escuelas de cine fueron clausuradas y ya no se harán muchas películas, el tema social e idiosincrásico se mantendrá con películas como: A la Sombra del Sol, Zapato Chino y Julio Comienza en Julio. Ya acabada la dictadura militar en 1990, el cine florecerá, manteniéndose los temas sociales e idiosincrásicos como un eje esencial: La Frontera, Johnny Cien Pesos, Historias de Fútbol, Taxi Para Tres, Chacotero Sentimental, Machuca, Coronación, entre muchas más. Sobre estas últimas películas diría Mónica Villaroel: “El cine es entendido aquí como una forma de representación y como una práctica social, en la medida en que fue abordado a partir de los cineastas como creadores de un imaginario que destaca características específicas de una identidad cultural. Fue posible así indagar sobre la identidad cultural a través de la memoria y del proyecto cinematográfico de Silvio Caiozzi, Gonzalo Justiniano, Ricardo Larraín, Gustavo Graef-Marino, Andrés Wood, Cristián Galaz y Orlando Lübbert.”1 Dentro de esta etapa de florecimiento post-dictadura, una de las figuras más importantes será Gonzalo Justiniano, el cual siempre se caracteriza por la exploración del mundo de los personajes sociales y económicamente marginados. Actuando como un mediador que transita por diferentes mundos y submundos, indagando con su cine sobre la identidad cultural a través de la memoria, estableciendo una comunicación entre grupos y categorías sociales, entre la frontera de lo erudito y lo popular, de lo urbano y lo rural, de lo nacional y de lo regional. Desde su primera película Hijos de la Guerra Fría (1985), con la cual Justiniano obtuvo premios en varios festivales como el de Berlín (Forum Award), Cartagena (Mejor Director) y Biarritz (Mejor Opera Prima), ya se vislumbra una visión crítica de la sociedad chilena y una cierta calidad en sus filmes. Hijos de la Guerra Fría trata sobre la complejidad de la clase media con la moralidad de la dictadura, retratando a la burguesía de la época a través de la historia de una pasión de una pareja clásica de funcionarios de una oficina. En su siguiente filme Sussi (1987), se apoya en el melodrama para retratar el desplazamiento de una voluptuosa campesina a la gran ciudad y su posterior corrupción moral en la urbe, narrando su aventura en el intento de ser estrella, participando de una campaña publicitaria nacionalista “para la unidad de la patria”. En Caluga o menta (1990), toca el tema de la marginalidad y de la falta de oportunidades de la juventud de la periferia de la capital, fruto de la dictadura de Pinochet en los primeros años de los 90’. En Amnesia (1994), narra el reencuentro en el Chile post-Pinochet entre un detenido político y su captor-torturador, veinte años después de haberse conocido en el régimen militar, en donde el olvido, la memoria y la venganza aparecen en un encuentro en donde ellos intentan saldar cuentas pendientes en una sociedad post-dictadura. En Tuve un Sueño Contigo (1999) se cuenta en tono de comedia, un relato en donde la hipocresía y el erotismo tienen un lugar importante, con una historia de engaños, traiciones, seducciones y peligros, con algunos elementos de thriller. En El Leyton (2002) se relata un drama pasional ocurrido en la Quinta Región, en una caleta de pescadores, en donde pasiones clandestinas, nuevamente en tono de comedia, sirven de pretexto para mostrar un mundo popular fácilmente reconocible en la sociedad chilena de inicios de siglo XXI. En B-Happy (2004), que cuenta la vida de Kathy, una adolescente de 15 años que vive en la pobreza de un hogar rural, que después de la muerte de su madre debe enfrentarse sola en la vida, transitando por submundos de marginalidad identificables para el espectador y sostenida en la fuerte presencia de la joven protagonista. Y en Lokas (2008), su último film (hasta la fecha), nos habla del homosexualismo en un país que todavía no es aceptado como tal, en un tono de comedia, recurrente ya en El Leyton y en Tuve un Sueño Contigo. En todas estas películas Gonzalo Justiniano ha querido retratar a personajes netamente chilenos, con un lenguaje nacional y una marcada visión social e idiosincrásica de la época en que fueron hechas. 2. El valor de las películas con el tiempo. Hoy después de veinte años películas como Caluga o Menta o Sussi, tienen otro valor, ya que al ser películas que hablaron en su tiempo sobre personas y realidades sociales, hoy nos sirven como estudio, no sólo cinematográfico, sino sociológico e histórico; ya que el cine, como describe André Bazin: “es la representación de la realidad”. El cine desde este punto cumple con el papel de permitirnos recordar el pasado y reflexionar sobre él, posibilitando diferentes lecturas, además de permitirnos recordar sucesos que quizás no se mantengan en este momento, pero que si están dentro de la memoria colectiva Sobre esto Cristián Galaz afirma: Lo que he querido levantar es que el cine, más que otras manifestaciones artísticas, tiene un potencial muy grande para generar densidad histórica, revisando el pasado, re-mirándolo y generando sobre él nuevas reflexiones, sensaciones y no para que todos lo miren de la misma forma, sino para que haya un rango mayor de interpretación. Que podamos, como sociedad en su conjunto, permitirnos recordar.2 Desde esta afirmación, el cine toma una nueva connotación, más allá de la mera entretención, ya que al ser la representación de la realidad las películas adquieren una enorme responsabilidad, ya que, si hablan de temas sociales, todo lo que digan va a ser tomado como verdad o al contrario si lo que dicen es erróneo va a ser tomado como una burla. Es que el cine desde este punto de vista tiene una labor con el público y con lo que retrata, se quiera o no. He aquí en donde nace el interés de hacer esta tesis, sobre la responsabilidad que recae en una película que habla sobre idiosincrasia y temas sociales; películas como “El Chacal de Nahueltoro”, nos habla de una persona que existió, de un suceso que fue real, de un jurado que lo acusó. Estos tres factores se vieron afectados al hacer Miguel Littín su película, si Littín no hubiese hecho una investigación a fondo sobre lo sucedido, no hubiese tenido cuidado con el discurso; la película podría haber tomado una connotación diferente a la realidad y como espectadores podríamos estar ante una película que nos alejara de la realidad de lo sucedido, como pudo haber pasado con muchas películas que nos dicen algo y la realidad es otra. Tener en cuenta que películas como “Caliche Sangriento” de Helvio Soto, fueron censuradas por tener una posición en contra de la Guerra del Pacífico, que tanto honor le hace a las Fuerzas Armadas, la cual sintió que esta película era un insulto; u otras películas más internacionales como “La Última Tentación de Cristo” de Martin Scorsese, que propone una visión de Cristo muy diferente a la realidad que causó conmoción en el mundo, especialmente en la iglesia. Por eso hay que tener en cuenta que cada película tiene también una responsabilidad con el entorno que lo rodea. Para muchos autores cinematográficos la conexión con el país tiene una importancia crucial, no remitiéndonos a los límites territoriales, sino a límites culturales que rodean al realizador, ya que la película es una especie de “huella de una sensibilidad”. Sobre esto Ricardo Larraín señala al hablar de su película La Frontera: “el espíritu humano primero y luego este país, no por chavinismo, sino porque son mis códigos, es lo que tengo en las venas.”3 Para muchos realizadores este será el motor para realizar sus filmes, no es inventar el cine desde un escritorio, sino ver el mundo, observarlo, sentirlo, para después expresarlo en sus filmes, dejando una huella en el mundo. Este cine más que nada trata de lograr una conexión especial con el espectador que no pueden lograr otros filmes, ya que tratan de lograr una conversación con el espectador. El espectador chileno al ver La Frontera, tiene que remitirse a la memoria colectiva que existe en el país. Lo mismo con gran parte de las películas chilenas que hablan desde nuestra memoria colectiva. La Frontera es una de las películas que más encuentra llegada en nuestra memoria nacional. Sobre este sentido de memoria colectiva Mónica Villarroel señala: Este sentido de hogar se asocia al lugar simbólico, una nación puede ser considerada una “comunidad imaginaria” pues proporciona un sentido de pertenencia y camaradería para aquellos que comparten un determinado “lugar simbólico”. El lugar es simbólico “en la medida en que puede ser un espacio geográficamente unido, sedimentado por medio de sentimientos simbólicos; la configuración del paisaje, de las construcciones y de las personas ha sido investida con memorias colectivas que poseen suficiente poder emocional para generar un sentido común… La identidad nacional es una comunidad imaginada” y existen tres aspectos fundamentales en una cultura nacional: memorias del pasado; el deseo de vivir en conjunto y perpetuación de la herencia.4 Tomando esto como base para una identificación nacional, podemos tener en cuenta que cada película, de una forma u otra puede representar un imaginario colectivo, que quizás no pertenezca a la mayoría, pero que se mantiene, por una suerte de arraigamiento social. Para Gonzalo Justiniano el hacer una película es un viaje, cada proyecto que hace, nace de la observación del mundo y en sus películas claramente hay una suerte de conversación con el público que las ve. Por eso afirma: Lo que me motiva tiene que ver con aprender a mirar más allá del objeto que uno está viendo. Uno cree que conoce todos los mundos y los mundos son tan diversos. Somos todos iguales, pero a la vez tan distintos. Hay una visión bastante chata, plana, que se nos da de nosotros mismos como país. Este país tiene una diversidad enorme, mucho más de lo que se ve en la televisión. Más allá de querer plantear un mundo, trato de ir y recoger bajo mi prisma ese universo.5 Junto con este discurso, Justiniano nos abre gracias a sus películas nuevos temas, ya que en toda su filmografía él ha tratado temas reales y a personas reales, por lo tanto, investigar sus filmes desde un punto de vista más sociológico y político, nos parece no sólo un trabajo a partir de un cineasta reconocido, sino como punto de partida para una investigación sobre lo que hay detrás de un film y cuál es su relación con el medio que lo rodea. Sobre un análisis que podemos hacer a partir de los filmes de Justiniano, abordamos el tema de la Marginalidad, como eje central. La Marginalidad en los filmes de Justiniano ha sido un tema muy importante en su filmografía, además de ser un tema que da para muchos análisis, no sólo cinematográficos, sino sociales, políticos, históricos, etc. Además, que muchas de las películas de Justiniano fueron hechas en periodos de gran cambio social en Chile. Ya que una cosa que hay que recalcar de Justiniano, es que en todas sus películas ha querido retratar una identidad nacional. Para poder realizar una mejor investigación a nivel metodológico, no se abarcarán todas las películas de Gonzalo Justiniano, ya que son muchas y tampoco va al caso analizarlas todas. Por eso nos centraremos en dos películas: Caluga o Menta de 1990 y B-Happy del 2003. Que son las que más abarcan el tema de la Marginalidad, el cual es el hilo conductor de nuestra investigación. La elección de estos dos filmes está dado por varios factores, primero es que hablan del mismo tema “la marginalidad”, pero en tiempos distintos y en condiciones diferentes, Caluga o Menta está hecha en el periodo complicado para Chile, el cual es la transición de la Dictadura Militar a la democracia, los personajes son delincuentes de un barrio bajo sin oportunidades; mientras que B-Happy está ambientada en el periodo donde la democracia ya está establecida, y la protagonista está a la deriva por la despreocupación del mundo. Lo segundo es que marcan dos periodos distintos en la filmografía de Justiniano, mientras que B-Happy está hecha en la cúspide de su carrera ya madura; Caluga o Menta es su tercera película, más experimental y paternalista. Lo tercero es la relación que estas dos películas tienen con el medio al cual describen, ya que las dos películas son muy descriptivas y tratan sobre como el medio mueve a los protagonistas, siendo más que responsables de ellos mismos, víctimas de las circunstancias. Entonces el mundo en el cual los protagonistas se desenvuelven son ricos: en personajes, lugares físicos, temas sociales, relaciones entre personas, etc. En ambas películas se hace una crítica social, al subdesarrollo y al consumo, a través de mundos marginales y pobres, sumergiéndose en el mundo de la necesidad, rebatiendo con las imágenes de ambos filmes el modelo de éxito. Mostrando un país pobre y marginal, subdesarrollado y atrasado. Desde este punto las películas hacen una crítica, desde las raíces de la sociedad. El sistema de análisis para este trabajo, parte de un estudio sociológico de los filmes; para después ser complementados con textos cinematográficos que hablen de las películas ya mencionadas o que hablen del cine chileno en general; textos históricos que complementen y contextualicen las películas; entrevistas del propio Justiniano que nos dará su punto de vista de cada film y su visión del mundo cinematográfico; entrevistas de otros cineastas que nos complementen el ámbito cinematográfico nacional, ya que esta tesis no sólo habla sobre Justiniano, sino que Justiniano sirve de ejemplo para la comprensión del cine nacional del último tiempo. Para poder distribuir todo lo dicho anteriormente, la tesis se estructurará de la siguiente forma: En el Capítulo 1: Caluga o Menta, la marginalidad a fines de los ’80: haremos un análisis de este film, partiendo por una breve descripción del discurso de Justiniano, además de contar en pocas palabras de qué trata la película, para de esta manera adentrarnos en el discurso. Posteriormente para sistematizar el análisis del film, se dividirá el capítulo en tres sub-capítulos: Contexto, Ambiente y Personajes. Los cuales posibilitarán un mejor análisis del film y de sus variantes, pero siempre desde el discurso y no desde lo técnico. Ya que la tesis no tratará de abordar la parte más técnica, sino la discursiva. En el Capítulo 2: B-Happy, la marginalidad en la democracia. Al igual que Caluga y Menta, se hará un análisis partiendo de una breve descripción, para luego pasar por el análisis sistematizado del film. En el Capítulo 3: Análisis social a partir de “Caluga y Menta” y B-Happy. Hacer un análisis a partir de estas dos películas de la sociedad chilena, tomando como punto de partida temas en común de ambas películas, ya que estas películas al ser la radiografía de una sociedad marginada, dan pie para un análisis más exhaustivo sobre variados temas. Para de esta manera concluir la tesis. 1 Villaroel, Mónica. La Voz de los Cineastas: Cine e identidad chilena en el umbral de milenio. Editorial Cuarto Propio, Chile, 2005. 2 Villaroel, Mónica. La Voz de los Cineastas: Cine e identidad chilena en el umbral de milenio. Editorial Cuarto Propio, Chile, 2005. (Entrevista a Cristián Galaz, 2002). 3 Ricardo Larraín: sigo siendo el mismo y no llegué a ningún sitio. Los Tiempos, Chile, 1992. (Entrevista). 4 Villaroel, Mónica. La Voz de los Cineastas: Cine e identidad chilena en el umbral de milenio. Editorial Cuarto Propio, Chile, 2005. 5 Villaroel, Mónica. La Voz de los Cineastas: Cine e identidad chilena en el umbral de milenio. Editorial Cuarto Propio, Chile, 2005. (Entrevista a Gonzalo Justiniano, 2003).

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CINE NACIONAL, IDENTIDAD, CONTEXTO, AMBIENTE, PERSONAJES, DISCURSO, SOCIEDAD MARGINADA

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