El personaje del antihéroe y la complicidad con el espectador. El existencialismo de los 90’, y sus antihéroes hartos de la hostilidad social.

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2012-06-22

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Resumen

Es normal que en toda sociedad y civilización existan personas que estén en desacuerdo con cualquier actitud, pensamiento, teoría o forma de vida que no les parezca asimilable. “Remar en contra la corriente” resultaría frase certera para comenzar a definir el meollo de este asunto, el cual resulta paradójico si intentamos hacerlo objetivo. Ningún ser humano es igual a otro, por ende, resulta inevitable que se desprendan y se declaren en rebeldía contra infinidades de particulares doctrinas, ideologías, estilos, sistemas, modos establecidos, etc. Para aquel que camine por la vereda de enfrente, la persona que trae el contrapunto, será, la mayor parte del tiempo, poco asimilable socialmente, ya sea por poco preparados, para algunos, o por poco cobardes para otros. Aún así, no cabe duda de que en los zapatos propios cada cual será rey de su reino, y mártir de un pathos que no ha sido procesado, y que, generalmente, no permite ser procesado. Nací el 5 de octubre de 1988 por lo que no voté en el plebiscito. Con mi generación no estuvimos para el 11 de septiembre de 1973, así es que no corrimos delante de los “verdes”. Nuestra memoria histórica comienza, con suerte, con la caída del muro de Berlín, y aunque no vivimos tan drásticamente los efectos de la dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática. Algunos opinantes dicen que por no vivir activamente aquella transición a la democracia no tenemos ideales… Sin embargo, creo que nuestros ideales se alcanzaron a forjar, y muy particularmente por el hecho de tratarnos de “los últimos”. Porque el viejito pascuero no siempre trajo lo que pedimos, y porque de todas maneras aprendimos a jugar a las bolitas en la calle y en los recreos del colegio. No había celulares y comíamos dulces y tomábamos bebidas, pero no éramos obesos, uno que otro era el gordo y punto. Y digo “alcanzamos a forjarnos” porque a medida que crecía, intuía que algo cambiaba, que algo se quedaba atrás, que la velocidad se intensificaba y que el mundo entero se desordenaba. El siglo XXI se inició con un intenso debate acerca de las consecuencias y las perspectivas del proceso globalizador. La segunda mitad de los noventa se enmarcó en las sucesivas crisis financieras en países emergentes, incluyendo los asiáticos. Además, la nueva amenaza del terrorismo global, el deterioro del medio ambiente, la desigual distribución de la riqueza, la propagación de enfermedades como el SIDA y el cáncer, mostraron los aspectos negativos de la integración mundial. Como respuesta inmediata emergió entonces la corriente de opinión, un movimiento antiglobalización. Sin embargo, a medida que los tiempos transcurren, pareciese que algunos clanes se comienzan a agrupar, y la infinidad de pensamientos y posturas frente a la vida, comienzan a organizarse bajo dos grandes bandos. Y he aquí, donde invito a esclarecer la posición en la batalla bajo simples cuestionamientos: ¿David o Goliat? ¿La tortuga o el conejo? Es así que se presenta la gran hipótesis de este documento. “Los oprimidos se han agrupado, y en desmedro de los opresores”. El arte en general, y principalmente la literatura, nos ha entregado relatos heroicos, llegando hasta un punto donde el heroísmo blanco y puro ya no era suficiente, y para lograr hazañas fue necesario indagar un poco más allá. Es en este escenario donde el concepto del antihéroe comienza a tomar retoños, exponiendo al interlocutor a familiarizarse con personajes cada vez más erráticos, irreverentes y enjuiciables, al punto de generar absoluta aceptación, complicidad y simpatía. Sólo por nombrar algunos casos: Don Quijote de la Mancha por Miguel de Cervantes, The Godfather por Mario Puzo, A Clockwork Orange por Anthony Burgess, Fight Club por Chuck Palahniuk, Trainspotting por Irvine Welsh, entre otros miles. Será el cine, entonces, quien también otorgará un espacio a aquellos héroes no convencionales, inspirando personajes y sublevándolos ante el espectador. Es en este último punto donde surge el interés por intentar dar razón a la empatía que este tipo de personaje genera con la audiencia, ya que una de las grandes características de los héroes modernos o también llamados antihéroes, es la ambigüedad que el personaje genera en los sentimientos y emociones del interlocutor, el cual frente, y a pesar de casos extremos, se manifiesta permisivo frente a cuestiones que por lo general son catalogadas como amorales, antiética o ilegales. Fenómeno complejo, que a mi parecer se gesta en la comprensión del espectador frente a las problemáticas de los personajes, auto-reconocible para cada ser humano. No todos estarán de acuerdo con las ideas expuestas, y vale decir que ninguno de los estudiados a continuación son héroes, ni menos modelos a seguir. Pero afortunadamente tenemos ese derecho a seleccionar la comida que se nos apetece: como en el cine, no todas las cintas son para todas las personas. Desde sus comienzos, el cine nos ha presentado a personajes perversos, violentos y sanguinarios, los cuales nos han mostrado, de las formas más diversas, esa dualidad humana que todos poseemos, contra la que muchos luchan, y otros tantos, sucumben. Dualidad macabramente inquietante que le agrega cierto condimento a las películas, porque todos podemos imaginar lo aburrido que sería si sólo existieran “tipos buenos” en los filmes. Convendré, para mi ejemplificación, en la elección de dos personajes cinematográficos de ficción con características irreverentes, que repercutieron fuertemente en las masas, específicamente entre los 90’ y el 2000, logrando incluso, altos índices de popularidad. Estos dos serán extraídos principalmente de obras provenientes de los grandes mercados del cine mundial debido a las posibilidades que tienen estas películas de ser vistas en todo el terráqueo. Sin embargo, y antes de presentar los filmes, me gustaría introducir un condicionamiento que en los años 90 ha ido revelándose como uno de los problemas más graves del cine en la actualidad: Los caminos de la distribución. Secuestradas las salas comerciales por Blockbuster y producciones clónicas; eliminada prácticamente toda crítica cinematográfica mínimamente seria en TV (y en el resto de medios); y muerto el interés de los medios televisivos en emitir cualquier obra cinematográfica alejada de los parámetros comerciales estandarizados, se torna más difícil para el aficionado o interesado en este arte acercarse a una serie de autores o filmes concretos, cuya radicalidad o capacidad de subversión/reflexión, molestan y resultan peligrosos para los intereses de creación de un mercado de consumidores uniformizados que asegure los mayores beneficios económicos. Efectivamente, la televisión digital, que maneja eslóganes del tipo “todo el cine en tu casa”, probablemente se olvidará de Griffith, Murnau, Dreyer, Vigo, etc. Lo mismo ocurre en el nuevo campo del DVD, donde las dificultades de encontrar determinados títulos se unen a la escasez de cada película (no digamos ya si hay que recurrir a la importación). Y es que cuando el cine europeo se ve maltratado y arrinconado en todas partes, no queda más que aceptar lo mismo para la cinematografía asiática, africana y el, abatido con mayor razón aún, cine latinoamericano. Todo esto viene a cuento porque conviene considerar la desigualdad de oportunidades que unos filmes suelen tener frente a otros. Curiosamente, las películas que más deficientemente nos llegan, suelen ser aquellas que manejan unas coordenadas narrativas ajenas a la gran masa del cine de consumo y, por descontado, un presupuesto promocional mucho menor, cuando no inexistente. Simplemente, lo que trato de explicar es que debemos tener en cuenta que, de cara a la selección de películas por parte de cualquier espectador, directores como Steven Spielberg o Martin Scorsese, no se encuentran en las mismas condiciones que otros como Aki Kaurismäki o Jan Švankmajer. Mientras los dos primeros estrenarán con facilidad en grandes complejos multisala, las obras de los dos últimos deberán ser rebuscadas por vías, quizás, no del todo legales, o asistiendo a determinados festivales de cine, algo que no está, desde luego, al alcance informativo de todo el mundo. De este modo, la percepción fraccionada del cine contemporáneo se manifiesta en algunos de nosotros de modo inevitable, en cuanto se nos niega la capacidad de conocer a cineastas a los que intuimos inquietos e innovadores, mientras somos bombardeados con productos triviales e impersonales que nada aportan a la evolución o análisis del lenguaje cinematográfico. El problema es grave y empeora día a día. Pocos espectadores podrán incluir infinidades de películas entre sus favoritas de este año porque, simplemente, no les ha sido permitido verlo todo. Planteado esto, presento a continuación las películas a analizar: Ficha técnica Trainspotting Título original: Trainspotting Dirección: Danny Boyle País: El Reino Unido Año: 1996 Fecha de estreno: 23/09/1996 Duración: 94 min. Género: Criminal, Drama, Comedia Reparto: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Robert Carlyle, Kelly Macdonald, Peter Mullan, James Cosmo, Eileen Nicholas, Susan Vidler Guión: John Hodge Productora: PolyGram Filmed Entertainment, Channel Four Films, Figment Films, The Noel Gay Motion Picture Company Sinopsis: Mark Renton es un joven escocés adicto a la heroína, al igual que el resto de sus amigos, los cuales se han creado un mundo muy particular. Entre el grupo hay un violento y alcohólico psicópata, un drogadicto desesperado, un mujeriego con un conocimiento enciclopédico de Sean Connery y un entusiasta de las caminatas y obsesivo de Iggy Pop. Ficha técnica El Club de la pelea Título: El Club de la pelea Título original: Fight Club Director: David Fincher País: USA Estreno en USA: 15/10/1999 Estreno en DVD (venta): 29/11/2000 Guión: Jim Uhls Productora: 20th Century Fox Reparto: Brad Pitt, Edward Norton, Helena Bonham Carter, Meat Loaf, Jared Leto, Zach Grenier. Sinopsis Un joven solitario con insomnio, con una vida sin intenciones aparentes, y que basa su felicidad en el consumismo descubre que asistiendo a reuniones de enfermos anónimos de diversa gravedad consigue volver a conciliar el sueño. Casualmente, en uno de sus múltiples vuelos por motivos de trabajo conoce a un vendedor de jabón llamado Tyler Durden, el cual hace que se replantee todo su sistema de valores. Entre los dos crean el Club de la Lucha, que consiste en gente desconocida que se pelea entre sí por el placer de hacerlo. Pronto este club se convierte en algo mucho más complejo e importante, y empieza a crecer hacia objetivos más ambiciosos... Lo que se quiere explicar en esta investigación es la complicidad que se genera entre el personaje antihéroe y el espectador. Y será con estos personajes con los cuales se buscará descifrar el génesis de su cercanía con el espectador, indagando en el origen de su comportamiento. Para poder indagar en las pretensiones de los personajes, estos serán sometidos a un diagnóstico de tridimensionalidad, el cual definirá a los personajes según sus factores físicos (moda, estilo de vida), sicológicos (traumas y comportamientos) y sociales (relaciones con los núcleos básicos de sociabilidad). Además, se desmembrará la narración de los personajes según “El modelo actancial: Greimas siguiendo a L. Tesnière”, a fin de identificar las razones, decisiones y errores que decretan el viaje del personaje.

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PERSONAJE ANTIHÉROE / ESPECTADOR, DIAGNÓSTICO DE TRIDIMENSIONALIDAD, NARRACIÓN DE PERSONAJES

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